La actividad física no es solo una decisión individual, sino una responsabilidad colectiva. Fundación Vida Nueva reflexiona sobre cómo el diseño de nuestras ciudades y entornos influye en el movimiento, la salud y la calidad de vida.
¿Es la falta de movimiento corporal un simple descuido personal o una crisis de salud pública a nivel global? Es una pregunta que viene recorriendo escenarios científicos, académicos y multilaterales. Al mismo tiempo, sigue siendo un tema poco presente en los espacios donde se toman decisiones como sociedad.
En un video reciente divulgado a propósito del Día Mundial de la Actividad Física, la fisioterapeuta Dayana Johnson, del Proyecto Vida Nueva Generaciones Saludables para Colombia, volvió a abrir este debate en redes sociales.
Diversas investigaciones internacionales han señalado que la inactividad física constituye una verdadera pandemia mundial, asociada al aumento de enfermedades crónicas y a millones de muertes prevenibles cada año. Sin embargo, comprender la actividad física implica ir mucho más allá del gimnasio o del deporte estructurado. Significa reconocer cualquier movimiento cotidiano que contribuya al bienestar físico y mental.
También implica comprender que mantenerse activo no depende únicamente de la voluntad individual. Factores como la planificación urbana, la seguridad, el tiempo disponible y el acceso a espacios adecuados condicionan directamente la posibilidad de moverse.
La realidad demuestra que el sedentarismo no es únicamente una elección personal. También es el resultado de ciudades diseñadas para los vehículos antes que para las personas, jornadas laborales extensas, sistemas de transporte poco eficientes y espacios públicos inseguros.
La actividad física rara vez ocupa un lugar central en las agendas públicas. Se habla constantemente de hospitales, medicamentos y tecnologías médicas, pero mucho menos de parques, andenes, ciclorutas, escuelas activas, transporte digno y tiempo libre.
Prevenir enfermedades exige pensar el bienestar desde el entorno. Una ciudad que invita al movimiento no surge por casualidad: requiere planificación, inversión y voluntad colectiva.
La inactividad física es uno de los principales factores de riesgo asociados al desarrollo de enfermedades no transmisibles como:
Además, impacta directamente la calidad de vida y el bienestar emocional de las personas.
Hablar de actividad física, entonces, no es hablar únicamente de ejercicio. Es hablar de salud pública, calidad de vida y dignidad humana.
La actividad física debe dejar de entenderse como un privilegio o una práctica exclusiva del deporte. El movimiento es una condición natural de la vida y debe ser facilitado por el entorno.
Promover estilos de vida saludables implica construir espacios seguros, accesibles y humanos donde caminar, jugar, desplazarse y realizar actividad física sea algo cotidiano y posible para todos.
Esto no elimina la responsabilidad individual, pero sí reconoce que las decisiones personales necesitan contextos favorables para poder sostenerse.
La inactividad física es, en muchos sentidos, el reflejo de una sociedad que ha priorizado la velocidad y la comodidad por encima del bienestar integral.
Rediseñar nuestras ciudades y nuestros hábitos para devolverle al cuerpo su derecho a moverse es una tarea colectiva que involucra gobiernos, instituciones, comunidades y ciudadanos.
Porque una sociedad saludable no empieza únicamente en la voluntad individual. Empieza en la forma en que decidimos vivir juntos.
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La World Diabetes Foundation resaltó el enfoque integral y multisectorial del proyecto Vida Nueva: Generaciones Saludables para Colombia, liderado por la Fundación Vida Nueva, como una apuesta estratégica para fortalecer la salud materno-infantil y los entornos escolares saludables en el país.